Back to the top

diciembre 2017

Jorge Abbondanza 2010

La aparente simplicidad de un artista que alcanza su madurez (2010)

En el caso de Mantero el color asume además un valor tan dominante (blancos, naranjas, amarrillos, verdes, rojos) que su primer impacto sobre el observador se ejerce a través del fulgor de su paleta, que parece iluminar la sala en donde cuelgan sus obras.

El gozoso estallido cromático en los trabajos de Mantero, nos es únicamente un desacostumbrado placer visual, sino también un acto de libertad personal y de soltura que denota el deleite del artista en esa ejercitación, así como su voluntad de derrocar cortedades ambientales en la materia.

El papel que Mantero confiere al color como recurso de seducción, resulta tan imperioso que su disfrute antecede a todo examen de las obras, en las que sin embargo el ojo puede internarse hasta descubrir las siluetas humanas que se mimetizan con la red de líneas, camufladas bajo esa maraña, o las procesiones en miniatura (de insectos o de hombres, según los casos) circulando por el ramaje para poblarlos disimuladamente.

Nacido en 1956, Mantero alcanza con su propuesta uno de los sellos más interesantes de la madurez en cualquier oficio: el de la aparente sencillez con que un trabajo consigue cautivar al público.

Inés Moreno

Luz, color, juegos y sugerencias. (2007)

Una muy recomendable muestra por su calidad tanto plástica como expresiva que se viene desarrollando en el Museo de Arte Contemporáneo de El País. Las pinturas que compone la muestra Acontecimientos Mentales de Gerardo Mantero podrían constituir dos grupos de características definidas y diferentes.

El primero está conformado por una serie de pinturas de pequeño formato en las que la atención y el interés se centra inevitablemente en el color, rico tanto en matices como en luminosidad, como en su compleja textura. El énfasis de lo matérico la rica textura de las superficies muy trabajadas, no atenúa el protagonismo del color, lográndose así un peculiar equilibrio de tensiones entre estos elementos que nos es común encontrar juntos. El interés por la exploración de formas, relieves y colores no elimina la figuración que aparece, en las series mencionadas, bajo la forma de siluetas muy estilizadas referidas predominantemente a la figura humana.

Los cuadros de mayor dimensión tienen un estilo marcadamente diferente. Revelando con mayor claridad la faceta gráfica del artista, se enfocan desde una “reflexión” sobre el mundo humano y su vínculos. Figuras, ahora muy planas, de hombres y mujeres caricaturizados con perfil de humor crítico y satírico, enfrentadas, superpuestas, confundidas, a veces hasta en los propios rasgos diferenciadores de lo femenino y lo masculino. El artista ha trabajado ampliamente además en la realización de escenografías para teatro y en diversas formas de diseño grafico. Todas estas actividades se traducen de algún modo en las composiciones pictóricas que formas estos “acontecimientos mentales” a los que le cuadro debe representar “por medio de los gestos físicos de las figuras que lo componen” según la formula de Leonardo Da Vinci.

Nelson Di Maggio

Acontecimientos mentales. (2007)

Titula su muestra Gerardo Mantero en el Museo de Arte Contemporáneo. Hombre de múltiples facetas (gestor cultural, diseñador gráfico, editor de revistas, docente, ilustrador), estudió con Hilda López, Dumas Oroño, Guillermo Fernández, Héctor Conde y David Finkbeiner, maestros indiscutibles que orientaron su actividad y afirmaron sus recursos técnicos. En las numerosas unipersonales e intervenciones colectivas que realizó, impuso un estilo reconocible casi siempre relacionado con la abstracción y el tratamiento matérico, surcado de una caligrafía nerviosa. Desde la sala del MAC documenta esta diversidad, agregando, como ocurrió en el pasado, elementos figurativos. Se puede distinguir tres series o propuestas dentro de la genérica de Acontecimientos Mentales. Por un lado “Navegando en la incertidumbre”, es una obra densamente matérica, de paleta baja, que sintetiza las preocupaciones del autor, con diferentes texturas y grafismos. Por otro,”Los de arriba y los de abajo”, y “Un sueño Azul”, constituyen, en su formato más pequeño la confluencia o el nexo entre ambas series: la abstracción, la riqueza cromática, las variaciones de la técnica mixta, y los pequeños personajes que dialogan en una feliz integración. La tercera serie “Me da sueño”, y “Un hecho inesperado” apuesta francamente a la narrativa cuyo hilo anecdótico es el punto de partida para interpretaciones disímiles, surgidas de situaciones oníricas con rostros y composiciones similares, recreando con intención satírica que va más allá de lo que muestra.

 Maria Yuguero

El color del tiempo. (2000)

Gerardo Mantero se sitúa en la mitad de su vida y observa al mundo como una necesidad impuesta por su tiempo anterior: el color a la luz de la experiencia transcurrida. La recurrencia de las figuras humanas masculinas y femeninas enfrentadas y bloqueadas se completa con un fuerte acento erótico en organicidades que sin embargo, no franquean una vía comunicativa entre ambos sexos. Una silla vacía reitera la ausencia o la espera de seres solitarios que no acceden al otro, tan próximo, pero tan inasequible en su espacio estanco. La densidad del color oscuro, con acentuaciones sobre violáceos, ocres y rojos, transformado en pura materia o herido en esgrafiados, fluctúa sobre el plano en líneas que se deslizan o deviene rígidas, limitando campos de acción o de inercia permitiendo, en ocasiones, pequeñas secuencia teatrales llevadas al lenguaje sintético del tebeo o desde la clave simbólica de los cuadrantes de un escudo, se iluminan en amarrillos abriéndose paso desde la oscuridad.

El peso de la imagen escenográfica, relacionada con la actividad periodística de Mantero, se hace notoria en varias de estas composiciones pictóricas, que podrían concluir en su visión personal del mundo como espacio de ficción en le que los individuos y los objetos sólo actúan en una dimensión irreal.

Gerardo Mantero se inscribe en la franja etaria de los artistas que podrían calificarse como “generación intermedia”, formada y surgida con escasos referentes en un periodo crítico de la historia uruguaya, sondeando en su orgulloso pasado plástico e intentando una difícil adaptación a los entonces nuevos conceptos vigentes.

Oscar Larroca

Acontecimientos mentales. (2007)

La vigencia de los equilibrios.

Desde su serie deportiva a comienzos de la década del noventa (Fútbol, 1990), la obra de Gerardo Mantero expone, con una fina dosis de cinismo, los escombros de cierta condición humana. Ello no significa que estemos ante un narrador oscuro, pues sus equilibradas señoras de bigotes y hombres embarazados denotan un cruce de género no exento de humor, más allá de toda simbología a propósito de las rutinas domésticas y los calvarios sociales. Por otra parte, las figuras antropomórficas que aparecen en esta muestra se apartan, quizá, de su exposición “El color del tiempo” (2000), sin perder por ello la ambigüedad que identifica una producción preñada de referencias a la silueta extraviada del individuo (huellas, sombras, fragmentos de sujetos, contornos que evocan la presencia por la ausencia). La deformación de esas figuras-escuetamente expresionistas-es más cercana a la anamorfosis de Antonio Seguí que a las figuras grotescas de Hugo Longa, debido, acaso, a la vinculación que ha sostenido Mantero con las artes gráficas. Una textura generosa en relieves, producida por incisiones y arañazos sobre una base de yeso, acompaña la materia espesa y suntuosa de la pintura, hasta el grado de no reconocer si es una textura pintada o si es el propio acrílico mezclado con otros ingredientes lo que determina ese espesor. Esto no es asunto menor: la obra se manifiesta a través de un diálogo circular entre la materia y el color para transmitir la sensación de agobio y vértigo que necesitan sus personajes aparentemente “amables”. La narración y la anécdota están supeditadas a este recurso plástico.

Alvaro Amegual

Visones Subjetivas/ Presagios Lúdicos. (1997)

El hallazgo de un lenguaje para muchos artistas años de marchas y contramarchas, un sufrido camino de dudas y certezas que no siempre arriban a un feliz final, otros artistas parafraseando a Picasso, no buscan sino que encuentran, su forma de hacer tiene la despreocupada alegría de un niño, solo lo hacen con la misma naturalidad que caminan o respiran. A esta categoría de artistas, pertenece Gerardo Mantero, quien imagino, desde sus primeras manchas, tenía establecidas las premisas que regirían el futuro de sus obras.

Años han pasado desde su primera presentación por los inicios de la década del ochenta, siendo uno de sus más representativos exponentes, que junto a otros jóvenes artistas asestaron un duro golpe al gusto medio uruguayo con un enfoque temático irreverente y un cromatismo hiriente para nuestras apaciguadas retinas. A pesar de los años la obra de Mantero no ha cambiado esencialmente, siendo uno de los rasgos más destacables el sabio manejo que logra entre su voluntad y el azar, éste ha tenido un desempeño medular en sus trabajos, guiándolos a soluciones formales que la razón ni siquiera hubiere considerado. A primera vista su pinturas se presentan como un discurso más vinculado al disfrute visual, tal vez sea la forma en que Mantero dulcifica ante sí y ante el espectador, imágenes que nos exponen en un rol que no quisiéramos estar representados.

Fernando Beramendi

Las Ventanas (del alma)-1995

¡Cuidado ¡. Gerardo Mantero abre nuestras ventanas (del alma).

¿Arte de la fragmentación?, ¿ arte de la identidad?, ¿ fin de siglo , cambalache y después?, ¿poesía del desasosiego, del pos-desencanto?. Todas estas posibles “primeras miradas” que se acercan a la obra de Gerardo Mantero resultan para este escribidor cuando menos insuficientes. Más allá del placer que produce lo ajustado de su trazo, en los rostros inacabados o prolongados en el otro, en esa suerte de idealización y ruptura de la figura humana y su presencia en un universo de objetos que son como signos, huellas posibles de exploración y abiertas a la re significación activa del receptor.

Hay, afortunadamente, en esta época sin paradigmas ni certezas, lugares para nuevas utopías. Mirarnos con un bisturí que nos ayude a re-inventarnos es mucho más que los abominables liftings en boga. En eso anda también la obra de este artista.

Fiesta, drama, happy birthday to you, compact disc, Movicom, el viejo valsecito de los quince, la boquita pintada, el jugador ventajero y audaz, el pata dura, la tocadita, el gol en contra y los ojos maquillados de la chica, de la mujer sola, de la patria, son versos que este inquieto “revelador” de nuestro tiempo escribe en el color. Y en el alma. Bienvenidos el campanazo.

 

Fernando Beramendi (poeta, periodista y actor).

(texto para muestra realizada en Santiago de Chile).

Alicia Migdal

Después del dibujo todavía el dibujo. (2000)

Se puede entrar por el color, por la insinuación de una cara humana, por la luz entrevista a espaldas de una figura, por la remembranza de Figari, deliberadamente ingenua y puesta en marcos internos dentro de un marco general. También se puede viajar por el color, espesor de la materia, búsqueda y huída de las imágenes-desde el cuadro de más pequeño formato al de máxima presencia física. En cualquier caso el color destellante y al mismo tiempo cálido, el trazo con su huella gestual, la disolución del dibujo y su súbita reaparición, estarán conduciendo al contemplador de esta pintura de Gerardo Mantero por la exposición de sus deseos.

Sus deseo parecen ser separarse por un tiempo de la precisión de dibujante y de la anécdota inevitable que cuenta el trazo del dibujo. Así con la libertad de jugar metiendo la mano en la espesura del color y en el rasqueteo de la materia. Soltar la mano y ensuciarla con pintura es una nostalgia que puede comprender bien el escritor, que se maneja en el mundo de las palabras, es decir con signos que son siempre intermediarios.

Esa nostalgia por un caos inicial en que las formas van tomando lugar la puede abandonar, cumpliéndola, el pintor-dibujante-pintor.

Roberto de Espada

El fútbol como tema (1990)

Este logro de Gerardo Mantero es una deliberada conquista que se efectiviza por medio del acrílico u óleo pastel o de los lavados que evocan la acuarela, y por un cuidado dibujo que no yerra cuando quiere exponer difíciles escorzos. GM se sitúa como espectador de un “match” imaginativo y dispuesto a regístralo en diversas instancias. Esta postura implica un conflicto de competencias ya que así dicho la tarea competiría al terreno de la fotografía. GM resuelve el conflicto acentuando lo que es de pura raíz visual: dibujo, color y la anonimia que surge cundo el artista niega los rostros que son resueltos con manchas de color. Osvaldo Reyno, con la pericia que es habitual en él realiza: pinta una cancha en el piso, e inventa un tejido que simula el de las redes de los arcos donde se cuelga las obras: así genera un campo “paratextual” que crea un ámbito adecuado para la metáfora. La banda sonora realizada por Luis Restuccia, incluye canciones del mismo Mauricio Ubal, de Jaime Ross, y de Jorge Lazarroff. Todo se conjuga para dar relieve a una serie de obras muy interesantes, realizadas con precisión y de excelente colorido.

Roberto de Espada – 1981

Dibujante Imaginativo. (1981)

En las dieciséis obras que Gerardo Mantero expone en la Alianza Francesa queda clara-en primer termino- la excelente escuela de dibujante que lo asiste: Hilda López aparece-en este caso- pudiendo enorgullecerse de un alumno que ha sido guiado por las férreas (sí que seductoras) avenidas del dibujo sin permitírsele caer ni en facilismos ni en estereotipos resolutivos aptos para cualquier oportunidad.

Su trazo es definido minucioso y -más que su nuda expresividad-confía en él integrándolo a un sistema de recursos, en un contexto casi anecdótico, temático.

Diseño www.hastaller.com